Hablemos antes de pelear: La mediación que transforma las aulas

Magistrada Sonia Espejo
Doctora en Negociación y Mediación

Santo Domingo.RD.- Por mucho tiempo en las escuelas pensamos que la disciplina era sinónimo de castigo. Citar a la familia, aplicar suspensión, llenar el registro de conducta. Creíamos que así se mantenía el control. Hoy sabemos que parte de educar es mostrar cómo solucionar. A veces, una conversación a tiempo impide que un roce termine en violencia.

Detrás de cada incidente escolar hay un motivo. Una palabra fuera de lugar, sentirse apartado del grupo, un daño a un cuaderno o una mochila. Si solo aplicamos el reglamento y no miramos a la persona, fallamos como formadores. El centro educativo tiene que desarrollar ciudadanos, no solo estudiantes que obedecen reglas.

La mediación es importante porque regresa a los alumnos la capacidad de decidir cómo arreglar lo que rompieron. Cuando un joven construye el acuerdo, lo respeta. No es igual obedecer por temor que comprometerse porque entiende el daño. Este proceso enseña a responder por los actos y eso reduce que el problema se repita. Así el ambiente del aula mejora para todos.

Mediar en un liceo, colegio o escuela no significa dejar pasar la falta. Es una técnica. Quien media no impone la solución. Guía el diálogo para que los propios estudiantes lleguen a un punto donde ambos se sientan tomados en cuenta. Como ha planteado el especialista en construcción de paz John Paul Lederach, bien manejado, el conflicto deja de ser un muro y se vuelve un puente.

Estos espacios son claves en los planteles. Alivian la carga del profesorado y colocan al estudiante en el centro. Escuchan a quien se sintió herido y ponen al otro frente a su responsabilidad. Le muestran a toda la comunidad educativa que las diferencias se arreglan hablando, no agrediéndose.

No pretendo decir que todo se arregla conversando. Eso no sería real. Pero hay muchas situaciones donde sí aplica: chismes, burlas entre compañeros, daños menores a la propiedad, disgustos en el recreo. En esos casos, la mediación convierte un problema en una experiencia formativa para el curso completo.

Cuando dos alumnos aceptan hablar frente a una persona neutral, el salón gana. Se establecen compromisos con plazos y seguimiento. Deciden dejar atrás el pleito en vez de alimentar el resentimiento. Con eso, el grupo recupera la calma y el docente recupera horas de clase que antes se iban en disciplina.

Además, mediar es sembrar futuro. Entrena jóvenes que saben oír, reconocer cuando fallan y reparar el daño. Entienden que cometer un error no los define, pero responder por él sí los hace crecer. De esa forma entregamos a la sociedad adultos que prefieren el acuerdo antes que la confrontación.

La escuela no se evalúa solo por las calificaciones. Además se evalúa por la calidad de la convivencia que logra. Donde se cierra la puerta al diálogo, se abre la puerta a la agresión. Nuestro rol como adultos es abrir esa conversación en el aula, antes de que el silencio pese demasiado.

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