La paradoja del relevo generacional: Cuando el ejemplo contradice el discurso

Una persona sentada en un escritorio en una oficina, con documentos y una computadora, rodeada de banderas de la República Dominicana y otros elementos decorativos.

Wagner Méndez, director ejecutivo del CEDAF

Santo Domingo.RD.- Durante años hemos repetido una preocupación legítima: el campo dominicano está envejeciendo. Cada vez hay menos jóvenes interesados en cultivar la tierra. Muchos de los hijos de agricultores prefieren marcharse a las ciudades antes que continuar el trabajo de sus padres. Se organizan foros, se diseñan proyectos y se habla de la urgencia del relevo generacional. Sin embargo, hay una pregunta incómoda que pocas veces nos hacemos: ¿estamos dando el ejemplo desde el liderazgo del propio sector agropecuario?

La realidad es que muchos agricultores hicieron un enorme sacrificio para que sus hijos estudiaran precisamente con la esperanza de que no tuvieran que enfrentar las mismas dificultades que ellos vivieron. Les dijeron: “Estudia para que no pases el trabajo que yo pasé.” Bueno, les diré exactamente la expresión que me decían: “Estudia para que no tengas que jalar la rabúa”.  Esto significaba directamente “Estudia para que no tengas que estar trabajando con una azada.”

Y esto es comprensible. Nadie quiere heredar el sacrificio cuando no ve oportunidades, reconocimiento ni calidad de vida.  ¿Y consideran ustedes que estos nos motivaba a ser agricultores o hacendado?  No.  Esto nos llevaba a buscar la forma de salir del campo, a estudiar y a no mirar atrás, aunque siempre vivamos con la añoranza de “mi campo adentro”, como lo decía mi amigo Cheo Zorrilla en su producción para CODETEL a principios de los años 90s.

Pero esa misma lógica parece haberse instalado en nuestras organizaciones, gremios, instituciones y empresas del sector. Mientras pedimos que los jóvenes permanezcan en el campo, muchas veces no les abrimos espacio en las mesas donde se toman las decisiones. Los invitamos a escuchar, pero no siempre a decidir. Les damos tareas, pero pocas veces responsabilidades reales.

Vale la pena hacerse una pregunta sencilla: ¿sabe hoy un dirigente del sector agropecuario quién será su relevo dentro de cinco o diez años? Más importante aún: ¿lo está formando?

En cualquier organización que aspira a permanecer, el relevo no ocurre por accidente. Se construye deliberadamente. Significa identificar talento, transferir experiencia, permitir que otros lideren proyectos, acepten errores y desarrollen criterio propio. Ningún líder es verdaderamente exitoso si su salida deja un vacío imposible de llenar.

Existe una contradicción evidente. Somos los primeros en reclamar políticas para atraer jóvenes a la producción agropecuaria, pero no siempre construimos espacios para que esos mismos jóvenes profesionales encuentren un camino de crecimiento dentro del sector. Esperamos que crean en un futuro que nosotros mismos, a veces sin querer, les mostramos como inaccesible.

El liderazgo no se mide únicamente por lo que se logra mientras se ocupa un cargo. También se mide por la capacidad de preparar a quienes vendrán después. La agricultura dominicana necesita innovación, tecnología, sostenibilidad y nuevos modelos de negocio, pero también necesita confianza en una nueva generación de ingenieros agrónomos, veterinarios, economistas agrícolas, técnicos, emprendedores y productores jóvenes que puedan asumir responsabilidades desde ahora.

El relevo generacional no comienza cuando un líder se retira. Este comienza cuando decide compartir el espacio antes de que sea demasiado tarde.

En términos “sagrados”, digamos, no es lo que decimos; es lo que hacemos. La gente no hace lo que le decimos que haga.  La gente hace lo que nos ve haciendo.  Si queremos que los hijos de nuestros agricultores encuentren razones para quedarse en el campo, también debemos demostrar que en el propio liderazgo agropecuario existe un lugar preparado para recibir a la próxima generación.

El futuro del campo no depende únicamente de quién siembre la próxima cosecha. Este depende también de quién esté dispuesto a entregar el timón antes de que la oportunidad de hacerlo se pierda.

Yo, personalmente, recuerdo a uno de mis supervisores trabajando para el Gobierno de los Estados Unidos.  En conversación sobre el rol de mi asistente, aprendí de él a darle responsabilidad directa sobre actividades que él dirigiera directamente y no que siempre me esté ayudando con la responsabilidad que yo tenía.  Esa estrategia también lo conllevó luego a convertirse en un líder.  Lo contrario posiblemente lo iba a mantener siendo un asistente.  Pero también hay que reconocer que cada quien tiene su potencial emprendedor que lo desarrollará aunque no reciba la oportunidad de quien lo dirija en ese momento.

Prediquemos con nuestro ejemplo.  Nuestro ejemplo no debe contradecir nuestro discurso.  Amemos a nuestros campos y a nuestro sector agropecuario.  Este está clamando a voces por líderes actuales y por un relevo generacional inspirado por nosotros los de la tercera edad.  Y de la segunda también, como yo.

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