
Natanael de los Santos
Santo Domingo.RD.- Ante la falta de acción e indiferencia de la comunidad internacional respecto a la situación de ingobernabilidad que vive Haití, y el control que poseen las bandas que imponen el terror y el caos, se hace necesario que la República Dominicana, que es la más afectada por ese mayúsculo desorden, tome acción y desarrolle estrategias de incidencias soterradas en las decisiones políticas que se lleven a cabo en ese país. Habidas cuentas de la postergación y procrastinación que han demostrado los organismos internacionales y la sociedad global frente al problema que se vive en ese país, nos afecta económica y socialmente.
Hace tiempo que, mediante estrategias e inteligencia, dominicana debió saber cuál es la situación real dentro del su diezmado y disminuido liderazgo político y el de las bandas que han creado la anarquía que vive esa nación. Los incontrolables de ese territorio conocen más de nosotros, que nosotros de ellos. Nuestros militares están mas al pendiente de lo que se pueden buscar en medio del desorden, que en protegernos de esos antisociales armados que, imponiendo el terror se enriquecen, esclavizan y anarquizan a la sociedad haitiana, la más pobre del hemisferio.
República Dominicana debe pasar de la contemplación a la acción. So pena de que perdamos el país, o que se produzcan situaciones lamentables que los victimicen aún más y nos hagan pagar a nosotros por los daños colaterales que se pudieran producir.
La propuesta de realizar elecciones, en un país sumido en la violencia y la ingobernabilidad es un desatino, una irresponsabilidad enorme de los que la proponen como salida a la crisis. La comunidad internacional tiene que entender que, con las bandas armadas en las calles, es imposible promover procesos reales de democratización, que en un país donde gran parte de sus ciudadanos carecen de identidad resulta un solemne disparate hacer unas elecciones que nunca serán libres y ni mucho menos creíbles.
A Haití, ante todo, hay que liberarlo de las bandas, las cuales hay que desarmarlas en su totalidad, reducir el narcotráfico que se produce con apoyo de ellas y las venias de los políticos de dicen falsamente tener algún control, hasta que eso no suceda no se podrá hablar de estabilidad politica, social, ni económica en ese país.
Ojalá que, los grandes ricos del universo se propongan mejorar la calidad de vida y se compadezcan de esa nación, a sabiendas que en la caja de madera no se podrán llevar nada de lo que poseen, o que los países que históricamente se aprovecharon de las riquezas de esa hoy empobrecida nación, también lo hagan.
Mientras tanto, debemos preocuparnos en hacer lo que nos toca, controlar la migración desbordada, enferma, hambrienta y sin educación que nos amenaza, que nos limita el desarrollo y nos incapacita para salir de la condición de país de tercer mundo en que nos encontramos, muy a pesar de que nuestra economía tenga décadas de crecimiento, y sabiendo que hemos profundizado en la desigualdad e inequidad, que solo mejora en los informes que se emiten, para proteger mas que a los ciudadanos, a la industria sin chimeneas de las que nos han hecho creer que vivimos: el turismo., y que parece ser el único sector que le importa a los que gobiernan, sabiendo que, los que desarrollan esa actividad son privilegiados, que evaden impuestos y se benefician de exenciones y privilegios como ningún otro sector.
Dominicana le ha tocado resolver parcialmente parte de los problemas de los haitianos, también debe conocer lo que se determine hacer con ese país.
Haití no está en condiciones de tomar decisiones, han perdido la capacidad de autodeterminarse y de autogestionarse, se han dejado arrancar la dignidad y su orgullo patrio por delincuentes en bandas y por políticos chatarras, es un país fallido, sumido en la pobreza y en la desesperanza.
Tenemos hacer las debidas diligencias para incidir en los procesos que se lleven en ese país, ayudémoslo, pero ellos allá y nosotros aquí, porque ellos solos no pueden y hacernos de la vista gorda por más tiempo, ya no es posible.
